¡Somos emociones!

¡Somos emociones!

Imaginemos por un instante que un piloto de aviación comercial, industrial o militar perdiera su autocontrol. Una mala decisión podría terminar con vidas, sueños y con todo lo que se ha construido desde la niñez para llegar a comandar una aeronave. Sí, aceptamos que las emociones son parte de la condición humana, pero también sabemos que un impulso mal gestionado puede borrar una carrera, matrimonio, profesión, marca personal y la reputación entera.
Bajo esta reflexión, felicito el accionar de los pilotos. Qué admirable su profesionalidad para no dejarse arrastrar por la emoción del momento. De lo contrario, sobre ellos y ellas pesaría un peso irreparable: vidas apagadas, historias que nunca llegarían a destino, el silencio absoluto del cielo cuando deja de ser un aliado.
Y entonces surge la pregunta inevitable: si los pilotos pueden, ¿por qué los demás perdemos el autocontrol?
Tal vez la inmensidad del cielo trabaja la prudencia. Tal vez volar, enseña que uno es pequeño ante la majestuosidad que se tiene enfrente, y que esa conciencia obliga a actuar con sensatez.
Hay otra cosa que siempre me sorprende: el valor, el orgullo y la apropiación con la que un piloto asume su rol de conductor del cielo. Muy distinto a lo que ocurre, lamentablemente, con muchos profesionales del volante en tierra, que terminan siendo sinónimo de caos, imprudencia, accidentes y muertes que marcan a familias enteras.
Y entonces me pregunto: ¿por qué las exigencias que se aplican a un piloto no se exigen también a quienes conducen buses urbanos, interprovinciales o nacionales? El contraste es abrumador. En un avión, la gente respeta, guarda silencio, vive su experiencia a su ritmo. En cambio, en un bus, muchas veces la música estridente, la invasión del espacio ajeno y la falta total de criterio parecen parte de la “normalidad”.
No nos engañemos: las culpables no son las emociones, sino la falta de disciplina. Esa disciplina que, en el caso de los pilotos, no es opcional; es el cimiento que sostiene su labor y su vida.
Consejo de vida: respiremos profundo. Recordemos que nuestras vidas son infinitamente más valiosas que cualquier avión en pleno vuelo. Y como buenos conductores de este caminar, cuidemos nuestro proceder. Seamos luz, no parte del montón. El cielo no es para todos, pero la disciplina sí, para vivir mejor.

Sobre el autor
Comunidad RadarAéreo

Tu opinión también forma parte del vuelo

Califica esta publicación y comparte un comentario. Para participar debes tener un correo registrado y confirmado.

Acceso requerido
Comentarios 0 comentarios
0.0 Sin calificaciones todavía
Tu calificación
Inicia sesión para calificar.
Los comentarios son revisados antes de publicarse.
Cargando comentarios…
Inicio Secciones
Enlace copiado